La pluma moderna, práctica, desechable y de
bajo costo, fue inventada en 1940, por el periodista húngaro Ladislao Josef
Biro y el químico George Biro, ante la necesidad de crear un bolígrafo
eficiente, ya que existían las plumas estilográficas que aparecieron en el
siglo XIX, pero que su tinta tendía a espesarse.
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| Pluma antigua |
Molesto
por los trastornos que le ocasionaba su pluma fuente cuando esta se le atascaba
en medio de un reportaje, el húngaro Ladislao Biro y su hermano Georg, quien
era químico, lograron una tinta que era muy útil para la escritura a mano, pero
que tenía el inconveniente de que no podía utilizarse con la pluma pues se
trababa al escribir. Pero Ladislao ideó como resolver este último inconveniente
observando a unos niños mientras jugaban en la calle con bolitas que al
atravesar un charco salían trazando una línea de agua en el piso seco: se dio
cuenta de que en vez de utilizar una pluma metálica en la punta, debía utilizar
una bolita. La dificultad de trasladar ese mecanismo a un instrumento de
escritura residía en la imposibilidad para desarrollar esferas de un tamaño
suficientemente pequeño. Ladislao Biro patentó un prototipo en Hungría y
Francia en 1938, pero no lo llegó a comercializar. Ese mismo año, Agustín Pedro
Justo, quien pocos meses antes había dejado de ser Presidente de la Nación
Argentina, le invitó a radicarse en su país cuando de casualidad lo conoció en
momentos en que Biro estaba en Yugoslavia haciendo notas para un periódico
húngaro. Agustín Justo lo vio escribiendo con un prototipo del bolígrafo y
maravillado por esa forma de escribir se puso a charlar con él. Biro le habló
de la dificultad para conseguir una visa y Justo, que no le había dicho quien
era, le dio una tarjeta con su nombre.
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| Punta de pluma |


